
Cada noche dan la cena y prestan una cama a las personas sin hogar. El objetivo es que no duerman en la calle pero también escucharlas e intentar echarles una mano para que reconduzcan sus vidas. Esa es la labor que realizan en la casa del proyecto Café y Calor de Cáritas Diocesana en Santa Cruz de Tenerife, que este año cumple el décimo aniversario de su fundación.
Con motivo de esa celebración, nos reunimos con la que dirigía esa organización en la isla cuando se abrió el centro en abril de 1999, Carmen Luisa González, y con el que ahora ocupa ese cargo,Leonardo Ruiz del Castillo. También estuvimos con el coordinador del proyecto, una voluntaria y dos usuarios. Nos contaron cómo ha evolucionado Café y Calor y sus diferentes visiones de un problema del que quizá nadie está a salvo: la posibilidad de vernos un día sin un lugar donde ir. Tienes un resumen de la charla en el vídeo de arriba.
El comienzo no fue fácil. Carmen recuerda que tuvieron que buscar la casa con mucha prisa porque su financiación se cerró casi de manera imprevista. Una vez elegida, se encontraron con el rechazo de algunos vecinos, que no querían cerca a gente sin hogar. Café y Calor está en la avenida de Bélgica, enfrente del parque La Granja, en un barrio residencial cercano a la rambla de Santa Cruz. Esa resistencia, sin embargo, desapareció con el tiempo. "Poco a poco se dieron cuenta de que no había problemas, no había escándalos", explicó Leonardo Ruiz.
Aunque al principio era mixto, ahora sólo acoge a hombres. Tiene 25 camas, de las que regularmente se ocupan todas excepto dos o tres que se reservan para emergencias de última hora. Los usuarios llegan sobre las ocho de la noche, pueden asearse y se les sirve un plato de comida. A la mañana siguiente deben volver a la calle. Todos los entrevistados coinciden en que la edad de los que acuden en busca de alojamiento ha bajado. Una de las voluntarias, Nieves, reconoce que ver a gente joven es "lo más duro" de su experiencia como colaboradora del proyecto.
La labor de Café y Calor también incluye un seguimiento. A los que pasan por allí se les ofrece apoyo para que encarrilen su vida. Algunos, por ejemplo, se derivan a otro programa de Cáritas dedicado a la inserción laboral, a pesar de que ahora, como apunta Leonardo Ruiz, el panorama no es el mejor debido a la crisis económica.
Aunque hay puntos en común, cada persona tiene su historia. José Leandro se vio un día sin familia (mujer e hijo) y estuvo dos meses en la calle antes de entrar en este centro. Asegura que aquí ha encontrado "compañerismo". Por su parte, Leonardo Hernández llegó hecho "un palillito" y enganchado a la droga. "Me recogió Café y Calor, y cambié". También habla de lo duro que es pasar la noche al raso: "Nos echan de un banco y a los perros no".
Si tuviese que predecir qué pasará con este proyecto dentro de otros diez años, el director de Cáritas contesta que lo ideal sería que desapareciera, pues eso querría decir que las administraciones ya tienen medios para asumir su función. Ese final, sin embargo, se antoja todavía lejano. Según sus datos, en el área metropolitana de Tenerife hay 500 personas sin hogar, mientras que plazas para dormir sólo hay 125. Las cuentas no salen.
Pero Café y Calor no sólo beneficia a los que se alojan en la casa, sino también a los voluntarios que tienen contacto con ellos. Nieves agradece los ratos de convivencia y sus enseñanzas. "Me aporta realismo. Me saca de mi mundo y me pone los pies en la tierra. A veces el resto de mi vida se salpica de cosas que aprendo aquí".









